«Escuchar es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia»

Cardenal Osoro, en 'El Espejo': «Escuchar es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia»El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que se encuentra en Roma participando en el Sínodo de los obispos,ha sido entrevistado en directo por José Luis Restán en el programa El Espejo de COPE. Poniendo la mirada en el tema del encuentro –Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional–, el purpurado ha subrayado que «la Iglesia es madre», y «una madre quiere, abre las puertas a sus hijos e imita a Nuestro Señor, que deja las ovejas que fueren para marcharse a buscar a los jóvenes que están lejos».

«Escuchar es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia. Con el hecho de que estén presentes allí, ven el esfuerzo de la Iglesia por escuchar a los jóvenes sin excluir absolutamente a ninguno», ha agregado.


Ha sido un comienzo emocionante por la presencia de dos hermanos del episcopado chino por primera vez en un Sínodo. De hecho, al Papa Francisco se le quebraba la voz cuando los saludaba… Dentro de la seriedad que está viviendo la Iglesia, que no puede dejar de estar presente en una asamblea como esta, ¿cómo ha vivido estos momentos?

También con mucha emoción. Cuando uno va viendo cómo la Iglesia es capaz de vivir esa unidad para poder hacer la misión, esa comunión real expresada en momentos concretos como el que vivimos en la inauguración del Sínodo, en la celebración de la Eucaristía cuando el Papa habló de los dos obispos chinos que se incorporaban, es algo que emociona y que llega al corazón de verdad.

El Papa ha pedido confianza: a los jóvenes en la Iglesia y a los padres sinodales, en los jóvenes, en Dios y en el futuro. ¿Es una palabra importante a la hora de comenzar estos trabajos?

Es esencial y fundamental. La confianza te lleva a escuchar y a reconocer la realidad de los jóvenes, que es lo que hemos trabajado en la segunda congregación general. La escucha implica, ciertamente, una confianza absoluta en esos jóvenes que están en búsqueda. Yo, en Madrid, he tenido la experiencia a través de los Parlamentos de la Juventud, hemos podido reconocer, incluso, que algunos responsables no somos capaces de actuar y de contribuir a escuchar y a confiar. Podemos caer en instaurar, sin darnos cuenta, esa cultura del descarte y generar indiferencia y exclusión. Por eso, la apertura de espacios donde puedan los jóvenes ser escuchados constituye una fuerza impresionante de afirmación de su dignidad personal. Contra toda pretensión de negar la confianza, la Iglesia escucha, les da nombre y rostro. Y esto se está haciendo desde el inicio del Sínodo.

Además, una novedad que aporta esta Asamblea Sinodal es la presencia de 36 jóvenes auditores, llegados de distintos lugares del mundo, presentes codo a codo con los obispos, con voz. ¿Qué aporta esa presencia?

Escuchar es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia. Con el hecho de que estén presentes allí, ven el esfuerzo de la Iglesia por escuchar a los jóvenes sin excluir absolutamente a ninguno. Esto es importante: la Iglesia es madre y una madre quiere y abre las puertas a sus hijos, e imita a Nuestro Señor que deja las ovejas que fueren para marcharse a buscar a los jóvenes que están lejos. Muchos jóvenes están renovando ese enfoque eclesial y ese encuentro con la Iglesia cuando se les escucha.

Hay quien dice estos días, en torno a la expectativa que ha suscitado el Sínodo, que si no existirá el problema de que la Iglesia, para hacerse más amable, rebaje su exigencia a la hora de proponer el Evangelio de Jesucristo, la vida cristiana, sus implicaciones… ¿Existe ese riesgo?

En absoluto. Quien hace eso, ni conoce a los jóvenes ni ha entrado en las entrañas de la Iglesia. La Iglesia, cuando se reúne y lo hace de esta manera, sabe que actúa el Espíritu Santo y nos ilumina y nos acompaña, como lo prometió Jesús y lo hizo desde el inicio de la Iglesia. No vamos a hacer rebajas de ningún tipo. Al contrario, se trata de abrir esas puertas porque, cuando se abren, se ve lo que hay dentro y la belleza de lo que propone la Iglesia. No hay que tener miedo. Las rebajas vienen cuando, a veces, no se abren las puertas y se quiere hacer entrar a la gente por otros caminos. Los jóvenes quieren una Iglesia que se haga profecía de fraternidad y sea una casa que sea y se convierta en familia. No se dan rebajas. A contrario: la exigencia es grande, pero cuando se hace con la amabilidad que lo hizo Nuestro Señor, los jóvenes escuchan.

Fuente: Archimadrid

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